Varios investigadores han visitado el sitio arqueológico y emitido su opinión respecto a su antigua utilidad. Cabe destacar la pionera labor de Juan Llerena que en 1881 fue el primero en reportarlos. Otros investigadores opinaron que son "simples hornos para cocimiento de cerámica" o "dichos hornillos no tendrían otra función que la que ofrece el paralelo etnográfico con los indios pampeanos que cocinaban en pozos cubiertos con piedras calientes". Otros autores argumentaron que sólo son fogones, ya que la ausencia de restos que indiquen una función específica, no permite asimilarlos a una funcionalidad como la de juntar agua, inhumar cadáveres o cocinar alfarería, no obstante, y según los datos obtenidos en excavaciones recientes efectuadas por arqueólogos de la APN parecen haberse obtenido restos fragmentarios de cerámica, lo que confirmaría la hipótesis de que su uso era para el cocimiento de cerámica.
Román Guiñazu en 1936, en su investigación sobre hornillos de Hualtarán determina la existencia de al menos 25 hornos en el lugar citado. Las principales conclusiones de su estudio son las siguientes: 1) están cavados en suelos antiguos; 2) el diámetro de la boca de cada horno oscila los 90 centímetros; 3) presentan huellas de marcas de dedos de la aplicación de barro sobre pared del pozo y 4) existen otros "hogares" los cuales son sólo contornos de piedras acumulados, asociadas a otros restos líticos encontrados a su alrededor.
Si bien los estudios arqueológicos en la zona de Quijadas y en todo el territorio Provincial no han merecido la suficiente atención como para develar las incógnitas que plantean, éstos y otros restos encontrados en Quijadas no pueden ser sacados del contexto del área. Algunos estudios han señalado que en las Lagunas de Guanacache (al oeste de Quijadas) hay vestigios más que elocuentes sobre asentamientos de aborígenes que utilizaban los recursos que ofrecía la zona, tales como la pesca, la caza y la recolección. La agricultura no producía excedentes y se practicaba aprovechando el desbordamiento de los ríos y las lagunas en épocas de crecida, cultivando maíz, calabazas y zapallos. Utilizaban las materias primas ofrecidas por el medio, para la construcción de sus chozas, tejidos, etc.


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